Un día en otra galaxia

A veces sólo quiero sentarme en el piso, abrazar mis rodillas y llorar. Esa sensación de que todo acaba es fatal. Siento que voy viajando por un túnel oscuro del cual nunca sé si salgo. Y de pronto hay que seguir, el tiempo corre, las agujas del reloj se aceleran, las voces no cesan y mi cabeza se balancea sin lograr comprender. Quiero frenar y no hay lugar en el que el tiempo se detenga. Le hablo, sólo le pido un instante… Pero es tan innecesario gritar…

A veces sólo quiero empezar a correr y no detenerme hasta llegar. Y vuelve la misma voz, con la misma pregunta ¿A dónde? ¿Cuál es el lugar? Entonces me detengo sin hacerlo, observo a mi alrededor y vuelvo a mi. ¿Es algo estático? Una vez que encuentre EL LUGAR, ¿Será ese para siempre?

No quiero algo para siempre, quiero estar en movimiento. Llevo muchos años muerta, observando mis sigilosos movimientos. Quiero salir y pesan tanto los escombros que tengo encima, que no sé con cuál empezar.

Y de pronto, logré moverme un poco, tomé aire y salí a caminar. El camino me resultaba tan familiar como desconocido. Entonces seguí respirando y dejé de esperar que me encuentres, me descubrí muy bien escondida.

Y de pronto, logré moverme un poco, tomé aire y salí a encontrarte. Cuando llegué, te miré y al fin pude encontrarme. Estaba tan despeinada, tan transpirada, tan excitada. Estaba en otra galaxia, en esa que nosotros conocemos, que nosotros inventamos, aquella que sabe cambiar de color pero conserva su esencia. Cuánto me extrañaba, así alocada, callada y gritando de ganas.

Entonces me abrazaste, nos miramos, no quisimos aguantarnos. Y en el medio del invierno, supimos ser verano. A veces, (no quiero usar la palabra embustera siempre), es fundamental perdernos para encontrarnos.

Entonces me abrazaste, y me estremeciste con tus manos. No dejabas de tocarme, de acariciarme, de despeinarme, de besarme. Y tus dientes atrapaban mi piel húmeda y transformamos la tierra en barro y en el barro creció esa flor que tanto adoramos.

Otra vez el reloj, otra vez sus anuncios. Su mortífera presencia indica que algo termina o que algo empieza y ambos le temo. Tanto, que me convierto en un ser gris, que no puede salir de su posición fetal. Y no dejo de temblar, aunque el frío sólo me contemple.

Me tatuaste de instantes y en la eternidad me respiraste. Me convertiste en licor sagrado y con las manos enredadas perdimos el ego y enraizamos misterios, reencuentros de encuentros y el amor en mil cuentos .  Palabras sin cuerdas y un Dios en silencio.

Ernestina Polizzi

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail
rssyoutubeinstagram

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

TrackBack URL

http://ernestinapolizzi.com.ar/un-dia-en-otra-galaxia/trackback/

SUBIR