Niente

AGUA

El sol parece estar justo arriba de donde estoy. Escribir algo en este momento casi es un imposible que se torna agobiante. Sólo se me viene un pensamiento a la cabeza, agua. En cualquiera de sus continentes, sólo agua.

Tanto alucinarla, me llevó a un estado de reposo. Allí estaba, en el diván, con mi analista detrás, hablando de un sueño; aquel sueño que me hizo viajar a mi infancia.

Nadaba en un pileta muy grande y yo era muy pequeña. Hacía los movimientos de una rana manteniéndome a flote y miraba a mi madre que estaba en la orilla. Sus pies seguían la misma dirección que el eco del agua. Recuerdo la felicidad que sentía en ese momento, un placer infinito me arrugaba los dedos, sólo deseaba permanecer en el agua. De pronto empecé a tragarla hasta dejar de registrar alguna sensación que no fuera miedo.

Desperté al borde de la pileta, mis mejillas estaban calientes, podía imaginar su tono colorado. Mis ojos buscaban referentes en aquellos que miraban. La curiosidad por lo sucedido se asomaba tímida pero preguntaba. La verdad estaba ahogada.

¿Cómo fue el embarazo de tu madre? Intervenía el analista sobre una cuestión para mi desconocida. Entonces le pregunté a mi madre.

¿Era esa pileta el útero de aquella mujer? ¿Allí nadaba? ¿Allí me ahogué? ¿Tragué agua?

Mi vista estaba borrosa, astigmática de lágrimas, descubriendo una vez más la palabra.

Ernestina Polizzi

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